DIÁLOGOS CON MARTA J. SERRANO - ESCRITORA Y POETA

No es raro encontrarnos a Marta Jiménez Serrano con unas Naguisa en los pies. Y no vamos a negar que, cada vez que ocurre, nos hace especial ilusión: somos grandes admiradoras de sus libros.

Escritora y poeta, Marta lleva años poniendo palabras a algunas de esas cosas que sentimos, pensamos y no siempre sabemos explicar. Aprovechando que nuestros caminos vuelven a cruzarse, esta vez alrededor de GLORIA, quisimos hacerle unas cuantas preguntas. Hablamos de las escritoras a las que vuelve una y otra vez, de los pequeños rituales que acompañan su escritura, de Oxígeno, su último libro, y de lo que ocurre cuando una pregunta se convierte en literatura.

Quizá ya hayas leído alguno de sus libros. Quizá esta sea tu primera vez con Marta. En cualquier caso, te recomendamos quedarte un rato.

Marta J. Serrano

¿Recuerdas cuándo pensaste por primera vez: “yo quiero escribir”? ¿Guardas todavía alguno de esos primeros textos?

Nunca lo pensé, ¡siempre lo he hecho! Jugaba escribiendo, hacía cuentos, los escribía, los ilustraba, les ponía su portada de cartulina... Conservo alguno de aquellos primeros textos, sí. Me encantaría conservarlos todos…

  
Has escrito poesía, novela y relatos. ¿Hay una Marta diferente detrás de cada forma de escribir?

Supongo que hay una Marta detrás de cada forma de escribir y también hay una historia distinta detrás de cada género. No todo se puede contar igual, con las mismas herramientas, los mismos narradores, los mismos géneros. Creo que parte de la tarea del escritor es dar con eso, con saber qué forma necesita la historia que se tiene entre manos.

En Los nombres propios escribes sobre crecer y en No todo el mundo sobre cómo nos relacionamos con los demás. ¿Escribes para entender mejor las cosas o para hacerte todavía más preguntas?

Escribo sobre las cosas que me interesan muchísimo pero que no entiendo, para comprenderlas o para seguir sin comprenderlas pero, en cualquier caso, para desplegar la pregunta y ver qué hay dentro de ella. No se trata de encontrar respuestas, sino de navegar en la pregunta.

      
Has dicho que Oxígeno es el libro que nunca habrías querido escribir. ¿En qué momento una experiencia tan íntima deja de pertenecerte solo a ti y sientes que puedes convertirla en literatura? 

Sublimar el dolor a través del arte es el modo que yo tengo de relacionarme con el dolor, o uno de los modos principales. No hay una disociación entre que me pertenezca a mí y que sea literatura. Lo que sí ocurre es que, cuando algo se publica, de algún modo yo me desprendo de ello ya y pasa a pertenecer a los lectores, y ahí cada uno se lleva el texto a donde quiere. Va ocurriendo de forma progresiva: primero escribo sola, luego se lo enseño a un amigo, a mi editora, a varios amigos, lo leen en prensa, finalmente llega al público…

¿Hay alguna escritora a la que vuelvas una y otra vez, como quien vuelve a un lugar conocido?

A Virginia Woolf, a Mary Oliver, a Joan Didion, a Carmen Martín Gaite, a Emily Dickinson… Son viejas amigas ya.

¿Dónde escribes mejor? ¿Tienes algún pequeño ritual, manía u objeto que siempre te acompañe? 

Me encanta escribir en mi despacho con un café, pero eso a veces ocurre y a veces no. Me pilláis respondiendo estas preguntas desde Querétaro, sentada en la cama con las piernas estiradas, el ordenador portátil sobre  ellas, la espalda apoyada en dos almohadas contra el cabecero, y con una botella de agua mineral al lado, en la mesilla. Así he escrito durante este viaje a México muchas páginas. Y también he escrito en el avión, y en el aeropuerto con un café regulero, y en alguna cafetería de Ciudad de México… 


Si pudieras recomendarle un solo libro a (nuestra) Gloria, ¿cuál dejarías sobre su mesilla?

Una habitación propia, de Virginia Woolf.

Recomendación de Marta J. Serrano