UN PASEO CON CELIA POR LAS CALLES DE SITGES

Llegamos por la mañana, cuando el pueblo todavía conservaba esa quietud de las primeras horas. Las cafeterías abrían lentamente. Los vecinos paseaban por el paseo marítimo y las persianas se levantaban poco a poco bajo el sol de uno de los primeros días calurosos del año.

Celia nos esperaba cerca del mar. Lleva un tiempo viviendo en Sitges, el suficiente para haber aprendido a moverse por él sin necesidad de un mapa. Queríamos conocer sus rincones favoritos, aquellos que ella ha ido descubriendo por sí sola durante estos meses.

Llevaba puestas las IMA camel. Una sandalia de puntera cuadrada y destalonada, de corte en serraje, inspirada en uno de nuestros modelos más icónicos, la alpargata Thalis

Sobre los adoquines del casco histórico, con el color del cuero fundiéndose con el tono cálido de las paredes, tenían algo de inevitable, como si siempre hubieran pertenecido a ese paisaje.

Nos guió por las calles que más le gustan: las que aún respiran ese espíritu de los indianos, con pequeños hoteles de arquitectura ecléctica y comercios que conservan una manera de hacer las cosas que el tiempo no ha borrado del todo.
"Aquí todo invita a salir", decía mientras cruzábamos el centro histórico. Sitges tiene algo cinematográfico. Una mezcla de tradición marinera, arquitectura modernista y vida pausada que convierte cualquier paseo cotidiano en algo especial.

Mientras caminábamos, Celia nos habló de cómo cambió su forma de vida desde que se instaló aquí. De los paseos improvisados después de trabajar. De la costumbre de bajar a ver el mar incluso en invierno. De cómo los días largos se prestan a planes sin demasiado plan.

Hay zapatos que se usan para una ocasión y otros que terminan formando parte de tu rutina, casi sin darte cuenta. Las IMA pertenecen a esta segunda categoría. Y viendo a Celia caminar despreocupada mientras recorremos el pueblo, nos dimos cuenta de que funcionan igual de bien en la ciudad que en un destino costero como este.

Terminamos la mañana sentadas frente al Mediterráneo, con el sonido de las olas de fondo. Más allá de las postales y las rutas conocidas, nos dimos cuenta de que lo que hace especial a un lugar son las personas que lo habitan y la manera en que lo recorren cada día.