DIÁLOGOS CON SILVIA - CARAVAN MADE

Caravan Made nació de un objeto. Una caravana de los años 70 que apareció un lunes y lo cambió todo. Una mezcla entre pasión, cierta inconsciencia y juventud.

Silvia siempre habla de Caravan Made como quien habla de una forma de
vida más que de un negocio. Lo que empezó con una caravana de los años 70 y muchas ganas de hacer algo propio terminó convirtiéndose en uno de esos proyectos que crecieron junto a la Barcelona más espontánea de los primeros mercados de street food. Con los años, Caravan Made ha evolucionado hasta dar forma a algunos de los eventos corporativos y bodas más bonitas, siempre desde una mirada muy personal de la gastronomía y la hospitalidad.

En esta conversación hablamos con ella sobre comienzos intuitivos, eventos efímeros, maternidad, comida compartida y esa manera tan suya de entender las cosas: cercana, honesta y hecha con tiempo.

¿Qué crees que tiene ese tipo de comienzos, los que suceden antes de que uno esté del todo preparado?

Este tipo de comienzos, sin duda, se deben a una mezcla de pasión, cierta
inconsciencia y la juventud que teníamos en ese momento:
ganas y nada que perder.

Entonces, sí, fue fruto de una motivación y una pasión que sentíamos por crear nuestro proyecto con los recursos que teníamos, que eran pocos, y también de una inconsciencia sobre todo lo que, en verdad, conlleva crear un food truck. Pero hasta que no lo vives, no lo sabes.

No sabíamos a qué tipo de mercados podíamos ir, ya que en ese momento aún no existían los mercados de street food, aparte de las fiestas de pueblo. Tampoco concebíamos, ni mucho menos, la idea de crear un catering, ya que ni conocíamos cómo funcionaba ese tipo de negocio, ya que no era algo que hubiéramos experimentado trabajando previamente.

 Sí que veíamos la caravana más bien como un tipo de restaurante ambulante, algo con lo que estábamos más familiarizados, ya que habíamos trabajado en hostelería y en restaurantes. Pero ni mucho menos sabíamos a qué nos íbamos a enfrentar ni qué nos iba a deparar.

Empezasteis en los primeros mercados de street food de Barcelona, cuando el movimiento todavía era nuevo. ¿Qué recuerdas de esa Barcelona de 2013?

Recuerdo una Barcelona mucho más cercana y espontánea. En 2013 todo lo del street food todavía estaba empezando y realmente nadie sabía muy bien qué iba a pasar con todo eso. Había una sensación muy bonita de estar haciendo algo nuevo entre todos, muy desde la intuición y las ganas.

Los mercados eran pequeños, muy familiares, y casi siempre éramos los mismos proyectos. Al final acababas conociendo a todo el mundo: a otros food trucks, a los organizadores, a los clientes que iban viniendo a todos los mercados… Había un ambiente muy cercano y humano

También era una Barcelona mucho más local. Aún no habían llegado tantas cadenas ni tantas propuestas internacionales y la gente tenía mucha curiosidad por descubrir cosas nuevas. Nosotros veníamos de viajar, de ver mercados en Londres, Berlín o California, y había cosas que allí ya existían y aquí todavía no encontrabas.

Y creo que lo bonito de esa época era que todo nacía más de la pasión que de una estrategia. Había mucha improvisación, mucha ilusión y una sensación constante de descubrimiento. Y eso se notaba tanto en los proyectos como en la gente que venía a los mercados.

Los eventos tienen algo de efímero que los distingue de un restaurante. El espacio se monta, la gente llega, y después no queda nada salvo el recuerdo. ¿Cómo se trabaja con tanto cuidado en algo que ha de perdurar como recuerdo? ¿Cómo se lleva esa responsabilidad?

Creo que justamente eso es lo que más nos gusta de los eventos: que son efímeros y únicos. A pesar de todos los proyectos que hemos ido haciendo, lo que verdaderamente se ha mantenido han sido los eventos. Nos gusta esa parte efímera, esa sensación de cambio constante, de crear algo único y afrontar un reto distinto en cada evento. Aunque muchas veces sea más complicado, precisamente es lo que más disfrutamos de nuestro trabajo. 

Realmente, cada evento es un proyecto único. Le ponemos todo el cariño porque sabemos que será algo irrepetible para quienes lo viven y que lo recordarán precisamente por eso: por ser único para ellas.

También nos motiva esa adrenalina de crear algo que nunca has hecho antes. Aunque sea en el mismo lugar o incluso con las mismas recetas, siempre termina siendo diferente, porque el cliente cambia y también cambian muchos factores externos. 

Entonces, cada evento acaba siendo único, efímero y especial. Y eso es lo que nos mueve. Sabemos que implica mucha responsabilidad, pero lo vivimos con muchísima ilusión.

La maternidad lo cambió todo en lo que respecta a la organización, dices. Pero también, en proyectos como el vuestro, hay algo de transmisión: de valores, de manera de hacer. ¿Piensas en eso? ¿En lo que Jana y Nord verán de Caravan Made mientras crecen?

La maternidad lo cambió todo. Sin duda, marcó un antes y un después. Nos llevó a hacer muchos cambios internos, tanto a nivel laboral como a nivel de la empresa, pero obviamente para bien, aunque también con sus momentos duros.

 Jana y Nord han crecido con Caravan Made y lo han vivido desde pequeños. Han visto muchos pasos y muchos cambios.

Han venido a ver nuestra caravana, nuestro obrador y algunos de los eventos en los que trabajamos. Se han empapado de todo este mundo y han visto cómo disfrutamos de nuestro trabajo

Y creo que eso también es algo bonito: que vean lo importante que es disfrutar de lo que haces, ser feliz con tu trabajo y buscar algo que realmente te motive y te haga sentir realizado.

También les encanta probar, cocinar con nosotros, descubrir ingredientes, sabores diferentes… y eso nos hace mucha ilusión porque al final la comida también es una manera de compartir, de cuidar y de crear recuerdos.

¿Hay un plato o una receta que sientas que os define más que cualquier otro? No necesariamente el más popular, sino el que tiene más de vosotros dentro. 

Si tuviera que pensar en una receta, obviamente, si pienso en la etapa de la caravana y el street food, diría el Ginger Pork, que fue nuestro primer bocadillo.

También fue algo que trajimos de los mercados que habíamos visitado en Londres, cuando aquí todavía no existían restaurantes de pulled pork ni propuestas similares. Nosotros lo habíamos visto allí; nos había gustado mucho y quisimos adaptarlo a nuestra manera.

No era exactamente un pulled pork como tal, pero sí un cerdo deshilachado con jengibre y manzana. Y esa fue una de nuestras primeras recetas realmente auténticas y personales

Luego, en la etapa de catering, diría que el tipo de menú y recetas que más nos identifican son el Family Style. Fue el formato de las primeras bodas que hicimos y sigue siendo el estilo con el que más cómodos nos sentimos y que más nos representa. Es un menú basado en platos para compartir, con propuestas sencillas pero muy bien elaboradas, preparadas con productos de temporada de calidad: ensaladas, acompañamientos, carnes y pescados a la brasa. 

Creo que ese menú define perfectamente nuestro estilo como catering y como empresa, y representa muy bien lo que es hoy Caravan Made.